Agosto 27, 2008...8:12 pm

La lenta agonía del Teatro Colón.

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El teatro Colón, cerrado al público desde el año 2006, pronto a ser terciarizado.

El teatro Colón, cerrado al público desde el año 2006, pronto a ser terciarizado.

El pasado Jueves 14 de agosto, en la agenda del Jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri, aparecían remarcados con resaltador amarillo -y quizás, con garabatitos y caritas de felicidad dibujadas en los márgenes -el tan ansiado y por fin a concretarse encuentro para la foto con la nueva figura política chacarero/mediática Alfredo de Ángeli, la presentación en público de un acuerdo con Walt Disney Company Argentina que le permitirá emplear la imagen de WALL•E en una campaña infantil, y la inauguración de un parque junto a la estación de tren de Villa Pueyrredón. No le quedó tiempo, por supuesto, para recibir a los trabajadores del Teatro Colón, que alrededor de las cinco y media de la tarde realizaban una radio abierta frente a la Jefatura de Gobierno, donde dieron a conocer su posición frente a la posible futura ley de “autarquía” del Teatro, redactada e impulsada desde el ejecutivo y con miras a ser sancionada por la legislatura el próximo Jueves 4 de septiembre. Tal vez hizo bien: no hubiera sido recibido tan cordialmente como en sus anteriores citas, ya que dicha ley, de ser finalmente sancionada, dejará en la calle a varios de aquellos trabajadores que allí se manifestaban. Y que mañana, a partir de las 15.30 hs y en el mismo lugar, volverán a hacerlo.
La iniciativa oficial, resistida por los trabajadores del propio teatro y variadas personalidades de la cultura, viene a coronar varios años de políticas de abandono y deterioro del patrimonio cultural que el Colón representa, y que lo llevaron al cierre definitivo a finales del año 2006, con la consecuente cancelación de todas sus actividades artísticas, la renuncia de los directores de la Orquesta y del Ballet, la pérdida del habitual lugar de ensayo de los músicos y la suspensión de más de 1.200 puestos de trabajo. Aprovechando este cuadro de situación, con el Teatro parado y el casi total desinterés social sobre el tema, el macrismo tiene entre sus manos un proyecto que, bajo el ambiguo título de “Autarquía del Teatro Colón”, pretende “modificar radicalmente la estructura del teatro, transformándolo en una entidad cultural imprevisible y reduciendo la planta de personal lo más profundamente posible, para que termine funcionando como sala de alquiler y/o como un teatro que sea atractivo para la contratación de terceros y la inversión privada” tal como explicó, entrevistado por Felices Pascuas, Máximo Parpagnoli, fotógrafo del teatro desde el año 1984. Que sentencia: “la autarquía que se quiere implementar a través de esta ley no significa otra cosa que la liberación de las trabas burocráticas y administrativas para el control directo por parte del ejecutivo de las contrataciones y los trabajadores.”

-¿Qué significa la autarquía en términos concretos?
- Allí está la gran contradicción, porque lo primero que establece la ley su funcionamiento “dentro de la órbita del ministerio de cultura”. En realidad favorece el concepto, se podría decir, de terciarización inversa. A todo el texto lo recorre una ambigüedad que la hace una ley perversa. 

Dónde está la trampa.
Son tres los ejes principales del que por ahora es el proyecto 2868-07 para transformar a la institución en el “Ente Autárquico Teatro Colón”, promovido por el actual ministro de cultura -ex miembro del séquito “sushi” de Antonito De la Rúa, Héctor Lombardi- y que suscitaron la reacción de los trabajadores.
El primero, fundamental, tiene que ver con las actividades adjudicadas al Teatro en el artículo 3 de la ley, en especial en el inciso cinco, que deja abierta la posibilidad -antes inexistente -de que las mismas sean contratadas por terceros, sin establecer, en ningún momento, en qué media ni bajo que condiciones. Parpagnoli aclara: “la trampa está en que es un eufemismo: no es que vaya a pasar a manos, directamente, de terceros, o se vaya a terciarizar alguna de las actividades propias del teatro, sino que el teatro en sí va a pasar a prestar servicios a terceros sin ningún tipo de discriminación o control.”
El segundo punto central, estipulado en los artículos 5, 6, 7 y 8 de la ley, establecen el nombramiento -a cargo del Jefe de Gobierno- y las atribuciones tanto del Director general y como de su directorio, entre las cuales se encuentran elegir discrecionalmente, cada cuatro años -y cada ocho si es reelegido -las dotaciones de personal, los planteles artísticos, las estructuras y finalmente modificar los reglamentos de trabajo. “Eso nos parece realmente un atropello, y verdaderamente una locura como sistema de funcionamiento institucional, porque transforma al teatro en algo totalmente imprevisible. Si cada cuatro años, por el capricho del directorio, vamos a cambiar el sistema de trabajo y del funcionamiento interno, no va a ser posible establecer una normalidad que permita eficiencia y calidad” -explica el fotógrafo. “Por otro lado -agrega -esos mismos directores están nombrados a dedo por el sistema político, porque no son funcionarios de carrera, y a ninguno se le exige ni siquiera tener antecedentes en la gestión cultural.” Vale aclarar que el actual director del teatro, Martín Boschet, es especialista en marketing y, según una reciente investigación de Página/12, recibe un sueldo de $12.500.
Finalmente, el capítulo tercero, que establece el régimen laboral, de contratación, presupuestario y económico financiero, es realmente el capítulo de la discordia, ya que deja, ni más ni menos, sin contrato a más de 700 trabajadores. “Los cuerpos estables de trabajadores no estamos nombrados en la ley -explica el fotógrafo. Estamos mencionados de forma bastante breve y malintencionada. Porque si bien aclara que se va a respetar la antigüedad y la continuidad del salario tal como estaba, sólo se hará para aquellos que, al momento de la sanción de la ley, pertenezcan a la planta permanente. Y como dentro de la planta hace bastante que no hay concursos, la mayoría de los trabajadores no somos ´permanentes`, sino contratados. Si se sanciona la ley, esos contratados volarán, porque no son ´estables`. Los que no son planta permanente, se quedarán sin trabajo”.

Pasillos adentro.
El proyecto que posiblemente se apruebe el próximo jueves lleva varios meses de discusión, de la cual los trabajares estuvieron absolutamente aislados. El mismo cuenta con el total aval del bloque oficialista, y el apoyo tibio pero concreto de la Coalición cívica y del Kirchnerismo de la ciudad, encolumnado detrás del ex Jefe de gabinete Aníbal Fernández. Hasta ahora, la única que se manifestó en contra fue Patricia Walsh. El oficialismo, buscando acelerar la aprobación de espaldas a los trabajadores, hizo público como un “acuerdo con los trabajadores del teatro colón” lo que en realidad era un arreglo pasillos adentro con dos o tres delegados del gremio minoritario Sutecba, cuando la absoluta mayoría de los mismos están representados en ATE. “Todo se maneja por vericuetos en la legislatura -revela Parpagnoli. Si hubieran querido realmente lograr un acuerdo, hubieran propuesto una asamblea general donde debatir el proyecto con la mayoría de los trabajadores en una discusión plena, o en tal caso hacer una audiencia pública.” Y añade: “si quieren plantear un cambio institucional, abramos el teatro, pongámoslo a producir con la gente adentro, que es lo primero que es necesario. Porque sino, ¿cual va a ser el parámetro para medir que la autarquía funciona bien si el teatro está cerrado y sin actividad?”

 “La situación del teatro es un desastre”
El teatro está cerrado hace casi dos años. A fines del año 2006 se paralizaron definitivamente, inconclusas, las obras del llamado “Master Plan” que iban a remodelar y modernizar la estructura edilicia de la Institución. A partir de allí, los cuerpos estables fueron desperdigados por diversos teatros y centros culturales de la ciudad, la orquesta y el ballet carecen de un lugar en condiciones para ensayar, y la temporada de espectáculos líricos ha venido cuesta abajo. Los músicos denuncian, por su parte, que el estado dejó de cubrir los seguros de los instrumentos. A lo que se agrega la renuncia, reciente, de Carlos Vea y Guido Benedetti, directores de la orquesta y del ballet, respectivamente. “La situación del teatro es un desastre, los arquitectos se mandaron bastantes cagadas” – señala nuestro entrevistado. “Además, la temporada artística viene siendo radicalmente magra”.

-¿Cómo se llegó a esta situación?
- Las distintas gestiones han provocado este proceso que termina en master Plan y cierre. Pero esto no es nuevo, viene desde hace tiempo atrás. La idea del teatro productor de fondos y finanzas comenzó en el año 1987 con la gestión de Ricardo Svizzer, que fue el primer director que implementó esta visión del teatro como algo privado, que además lo llevó a ser algo privativo. Esto ha provocado, a lo largo de los años, un divorcio cada vez más pronunciado del teatro con la sociedad, haciéndolo más expulsivo, más elitista. A medida de que el teatro se separa de la gente, le deja de importar. Le preguntás a un tachero y te dice: “que lo vendan”. Eso lleva a un descuido inevitable que tiene que ver con el propio desinterés del pueblo en su teatro.
- Después vino el Masterplan.
- Exacto. Que es un engendro que empezó con la parte que le tocaba al Colón de los destinos de un crédito de 500 millones de pesos/dólares que le otorgó el Bid a la ciudad durante el gobierno de De la Rúa. De esos 500 millones, 32 millones estaban destinados a la puesta en valor del teatro. Pero fue un crédito mal parido, que fue trabado por Menem, y que luego De la Rúa volvió a destrabar una vez que fue presidente. Eso fue el comienzo. Las obras empezaron muy de a poco. Después, Telerman, cuando se hace de la secretaría de cultura, ve la posibilidad de hacerlo mucho más grande y allí el master plan toma su mayoría de edad. Y cuando éste fue jefe de gobierno, desarrollaron esta especie de Mega Obra. La obra fuerte, gruesa, recién empezó en Marzo de 2006. La idea era refaccionarlo todo. Y a poco de empezar, comenzaron los problemas producto de la campaña de Telerman para jefe de gobierno, se ve que necesitaba la plata. Y ahí se fue todo al demonio.
- ¿Cómo debería ser una política cultural seria con respecto al teatro Colón?
- Primero que nada resolver los problemas urgentes dentro de la institución, y luego llamar a concurso para barajar y dar de nuevo. El teatro, como política cultural, debería ganar nuevo público de manera urgente. Si bien estaría bien mantener el sistema de abonos, se debería ofrecer la misma cantidad de funciones abiertas al público, con el mismo elenco. Debería haber también muchísimas más presencia de programas, tendrían que instalarse nuevamente las funciones infantiles que se hacían los fines de semana, obras favorezcan la introducción de los más chicos a la lírica. Se debería fomentar también el intercambio de músicos y de técnicos con otros países del mundo.
- Por último, ¿con qué Teatro soñas?
- Y… con un teatro integrador, preocupado por formar nuevos aristas, nuevos técnicos, nuevo público. El modelo que los trabajadores queremos para el teatro es el modelo del Mariinsky de San Petesburgo. Cuando Rusia blanquea su gran crisis, post caída del muro de Berlín, sostener el teatro para ellos representaba una erogación de 25 millones de dólares, un lujo que se daban en otras épocas. Pero el pueblo Ruso apoyó porque sí tenían un acceso irrestricto a su Teatro, iba a ver la ópera por monedas. Esta fue la política que el Colón debería haber implementado y no lo hizo. Yo creo que la tuvo en las décadas de Oro del teatro, que fue en los años 50 y 60s cuando el teatro tenía una producción importantísima y de gran calidad y por el cual circulaba mucha gente. Esto aparte producía el hecho de que el teatro fuera el más emblemático y representativo y la gente sentía como llamada a cuidarlo. Yo creo que sí es una institución que se debería preservar.

Por Matías Ferrari

ENLACES:

Clarín: “Un plan ambicioso”

El poryecto de ley

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