Lo cierto es que ésta es una historia necesitada de ser discutida y reflexionada de manera profunda como parte de la historia reciente latinoamericana. Una historia necesitada de que la situemos a partir de los distintos contextos con que venimos analizando los años 60. En términos geopolíticos mundiales, que nos dan una encrucijada de la modernidad capitalista. En términos latinoamericanos, donde surge rotundamente en el pensamiento de izquierda la Teoría de la Dependencia como gran paradigma económico y social que alimentaría las nuevas formas de la política. En términos de la propia izquierda a escala occidental, y en relación al burocratismo Stalinista con que había muerto la promesa comunista de la revolución de Octubre de 1917. En términos de la emergencia de los nuevos mundos culturales y los sujetos contestatarios, de la protesta, que alimentan y amplían las ideologías de lucha en el centro del sistema capitalista y en los países subdesarrollados de la periferia. En ese marco, la nueva izquierda latinoamericana es una generación que decidió comprometerse con una idea de cambio histórico -el pasaje del capitalismo al socialismo -que concluyese con ls injusticias, con las desigualdades sociales. Comprometerse con los pobres y olvidados del sistema. Generación política que se sintió ella misma, como generación, parte de ese mundo explotado. Que se sintió víctima. Víctima de una cultura con sus morales y modelos de consumo y ciego materialismo económico. Víctima de saberes universitarios que no cuestionaban dicha cultura, dicho orden de valores, donde todo terminaba siendo compraventa, mercancía, sobre todo los sujetos, el humano. Víctima de normas de vida represoras, falsas, aparentes en virtud, de autoritarismos que impedían formas genuinas de vida. Víctima de un sistema económico que condenaba a la miseria y a la exclusión a millones de personas en la tierra.
Pensar así, no sólo no está mal, sino que está muy bien. Pensar así es sentirse herederos de lo mejor del pensamiento moderno en su capacidad crítica y esperanzada de que el mundo puede ser mejor de lo que es. Pensar así es formar parte de una tradición de hombres políticos, filósofos, teóricos, científicos, poetas, escritores, hombres de diferentes cultos religiosos, que plantearon la irracionalidad del mundo, lo oscuro de la historia. Que pensaron en los olvidados, dolientes y víctimas de la historia, que pensaron en términos de solidaridad, de fraternidad, de redención de la criatura humana en la tierra. Pensar así es articularse con lo más digno, noble y ético que tuvo el mundo de las ideas modernas.
Casullo, Nicolás. “Rebelión política y cultural en los 60s”, en Itinerarios de la Modernidad. Eudeba, 1996. Gracias por todo, profesor.
Crítica Digital: Murió el ensayista Nicolás Casullo.
Caparrós: “ultimamente no estábamos de aceurdo..”

