“Crear dos, tres, muchos Vietnam: esa es la consigna” E. Guevara. Reflexiones acerca de nuestra utopía todavía andante.
Resultan cuanto menos irritantes las declaraciones de Hillary Clinton a propósito de la incorporación de Cuba a la OEA, cacareadas sin cesar por los medios masivos de comunicación la semana pasada. Fieles a su propósito de destruir la conciencia popular, todo el andamiaje represivo de los medios se puso en marcha para calificar a Cuba de “dictadura que somete a su pueblo”, tal como lo hacen cada vez que se trata de alguna noticia referida al último reducto comunista del mundo –o lo poco que queda de él.
Pareciera ser, siguiendo la línea discursiva del departamento de Estado de los Estados Unidos y, en consecuencia, de los grandes medios, que el conjunto de los países americanos, enfebrecidos por un supuesto “giro” en la política exterior del Gran Imperio, le “tendieran la mano” a la pobre vieja isla caída en la desgracia de una dictadura de 50 años. La isla queda, de esta forma, sugestionada a introducirse en la organización que “hermana a los pueblos americanos”, que boga por la “democracia” y la libertad de los ciudadanos, a condición de establecerse como una democracia idéntica a la de los países que ya la integran. Poco menos irritante resulta que nada se diga sobre la propia OEA, nada se cuestione de su historia, su significado, su función en el sometimiento de nuestros pueblos.
Memoria: ¿Qué decía la OEA cuando Videla torturaba y desaparecía, o cuando la contrarrevolución chilena a cargo de Pinochet asesinaba a un presidente elegido democráticamente como Allende? ¿Alguna vez se los expulsó o se los instó siquiera a reestablecer los derechos humanos para permanecer allí? La respuesta es obviamente negativa. La OEA aplaudía las “democracias” chilena y argentina: basta con recordar las visitas del ex presidente Carter a ambos países en 1977 o los resabios lejanos que quedaron del mundial 78. Memoria: ¿Qué denunció la OEA sobre el plan Cóndor? Pues nada, estaba muy ocupada planificando su ejecución. Memoria: ¿Qué dice la OEA sobre las violaciones a los derechos humanos que ocurren hoy producto del “Plan Colombia”? Tiene las manos encalladas de aplaudir la “democracia” de Uribe.
Espíritu Cartesiano: ¿Qué se puede esperar de una organización de estados americanos con sede en Washington desde 1890? ¿Es posible que los pueblos latinoamericanos, con 500 años de colonialismo y ya más de 100 de neocolonialismo a sus espaldas, coexistan hermanados en una organización política que incluye a su principal explotador, los Estados Unidos, que direcciona todas sus políticas como si fuese aún soberano en estas tierras? La calificación que Fidel hizo ayer de la organización como “terrorífica” se queda, cuanto menos, muy corta.
Más memoria, para los desprevenidos: desde el atentado a las torres gemelas del once de septiembre de 2001, el imperio acrecentó su represión desplegando todo su arsenal de guerra a lo largo del planeta, desembarcando en Irak, Irán, Palestina y, en Sudamérica, en Colombia. Aquí y allá invadió y estableció gobiernos a dedo sujetos a sus directrices, y asesinó a mansalva poblaciones civiles en busca de petróleo y otros recursos naturales. Hoy, con una crisis sistémica interna que como un dominó exportó a todo el mundo, gastó la millonada más escandalosa de la historia para salvar a sus empresas con la plata que robó a todos los países del mundo. Incluso a la propia cuba: convendría saber, a muchos otros amnésicos, que la pequeña Isla “en manos de la tiranía”, era una colonia del Imperio, donde sus señores blancos precursores del “Spanglish” traficaban negros y negras desde África para esclavizarlos en las zafras azucareras o prostituirlos como si fuesen una raza pre-humana. Para los más descocados o ignorantes: ese pueblo sometido se levantó, se organizó a partir de la doctrina marxista-leninista hace cincuenta años, y estableció hasta el día de hoy la dictadura del proletariado. Esta experiencia fue el puntapié inicial para todas las revoluciones del tercer mundo: Vietnam, Chile, Argentina, Bolivia, Norcorea, la mayoría de ellas reducidas a fuerza de genocidios y NAPALM. Para los que todavía no recuerdan bien, deberían apagar el televisor y tal vez recuerden que un argentino, Ernesto Guevara, escribió un pequeño librito que se llama “el socialismo y el hombre en cuba”. Deberían leerlo. Deberían saber, aunque se admite que les cueste un poco más, que bajo el cielo de la tiranía, la isla mantiene el sistema de salud mas eficiente del planeta, la mortalidad infantil más baja del planeta, la contaminación ambiental mas baja del planeta, la educación mas libre y abierta del planeta, y que recibe, del resto del globo y por estas mismas razones, un repudio que se tradujo en 50 años de exclusión política y asilamiento económico. Cabe preguntarse entonces qué es una tiranía, cuales son los valores de una democracia, de que se trata someter a un pueblo. Dijo Fidel ayer: “Cuba no es enemiga de la paz, ni reacia al intercambio o la cooperación entre países de diferentes sistemas políticos, pero ha sido y será intransigente en la defensa de sus principios”. No es que se trate aquí de resaltar a cuba como la única y final posibilidad de humanidad, pues cuba sigue siendo un país pobre, con falta de libertades individuales, con varios signos de desgaste y traición a varios de sus principios revolucionarios; sino de resaltar una vez mas las dudas que surgen del análisis que gracias a dios se puede hacer cuando todavía sigue en pie una forma distinta de organizarse como país, otro sistema productivo, otro conjunto de relaciones humanas por fuera de la alienación a la mercancía y el consumo. Mas espíritu Cartesiano, entonces, para los reacios a la duda: ¿Qué autoridad moral tienen los países capitalistas para predicar los valores de sus democracias raquíticas, con sus sistemas de salud y educación privatizados para los mas favorecidos, con su hambre vergonzoso, sus niños muertos o entregados al paco y al robo, sus muros que separan a unos de otros aquí y allá, su destrucción sistemática del medio natural, sus guerras imperialistas y, a su vez, fustigar todo intento de mundo por fuera esa realidad exasperante?
Para finalizar, queda lugar para una ultima reflexión sobre el valor de cuba en este momento histórico. Caído el muro de Berlín, se divulgó sobre el sentido común aquella frase terminal escrita por un pseudo-intelectual a sueldo del departamento de defensa norteamericano: “el fin de la historia”. Es decir, el fin de la lucha de clases. El fin de los intentos por construir otros mundos diferentes. El triunfo final del capital por sobre la tierra. Fue una teoría pesimista para la humanidad, pero muy optimista para aquellos que la someten: podían irse a dormir tranquilos que estaba todo muy bien. Volveríamos a la Belle Époque. Si no hay mas historia, no hay más izquierda, no hay más contradicciones, ni lucha de los oprimidos por liberarse. Era una segunda revolución Francesa. Pero la realidad es a veces esquiva: hace más de 40 años que el capitalismo no puede superar la última de sus crisis cíclicas tras el estallido de fines de los 60s con el alza del precio del petróleo y la estrepitosa caída del modelo de producción Toyotista. Nuestros queridos explotadores lo han intentando, dedicándose a la especulación financiera y el agigantamiento de la deuda del tercer mundo, pero no han logrado encontrar un nuevo paradigma de producción con el que siempre han salido a respirar de sus crisis. En este panorama desalentador, el triunfo, parece, no fue total: ha quebrado, suponemos, la empresa más grande de la historia, la General Motors. Y no sólo eso: parece que la islita está empecinada con su autodeterminación de seguir construyendo un país para todos. El rebelde podría seguir dando malos ejemplos, refutando el sentido común, poniendo escollos en el camino, entusiasmando a las jóvenes generaciones de luchadores como una meca a alcanzar, como una última esperanza, un posible espejo, una negación espontánea y sincera de este modelo mezquino y aberrante de humanidad. Y en eso estamos. En crear dos, tres, muchas Cuba: muchas desobediencias, muchas esperanzas.
1 comentario
Junio 13, 2009 a las 2:54 am
Genial…