Virginia Bouvet es delegada de los boleteros de subte desde el momento preciso en que Metrovías se hizo de la explotación del servicio, cuando apenas contaba 21 años. Organizó el área de prensa del nuevo sindicato, enfrentó en el estudio de Mauro Viale a la burocracia cegetista y escribió hace dos años el nuevo manual rojo de luchas sindicales en la argentina: Un fantasma Recorre el Subte, que la llevó a exponer por todo el mundo sobre el resurgimiento del sindicalismo de base.
Cada vez que ustedes deciden parar, parece que temblara la tierra: hoy por hoy son reconocidos como la punta de lanza de algo nuevo, en lo que mucha gente deposita muchas expectativas. ¿Cómo fue que construyeron semejante organización?
El proceso del subte fue muy particular. Hay que tener en cuenta que, al privatizarse la empresa, despidieron a 2.600 trabajadores, y contrataron en reemplazo a otros mil. Allí fue cuando entramos una nueva camada de empleados, todos muy jóvenes. Yo tenía 21 años cuando entré a la boletería. Buscaron jóvenes a propósito, por al inexperiencia y la falta de asociación gremial previa. Pero se equivocaron, porque a pesar de nuestra inexperiencia, todos estábamos muy frescos: no habíamos pasado por la privatización ni estábamos desmoralizados como los otros compañeros, que vieron cómo las reivindicaciones conseguidas con el esfuerzo de años se iban a pique.
¿Hubo algún hecho en particular que haya sido determinante en la ruptura con la UTA?
Fue en 2004. Tuvimos que hacer una huelga de 72 horas para deshacer un acuerdo de la UTA con la empresa y lograr una reivindicación tan fundamental como la reducción de la jornada laboral a seis horas, para darnos cuenta de sus limitaciones. Ya venía caldeado el asunto, siempre tuvieron un discurso muy derrotista, se metían para administrar el “no pasa nada”. Si despedían a un compañero, planteaban que era legal, que la empresa estaba en su derecho. No demostraban especial interés en que se realizaran asambleas, ni estimulaban el debate.
Presentaste tu libro en Nueva York, entre otras ciudades. ¿Pensaste que te llevaría tan lejos?
En un principio, me propuse hacer una especie de balance colectivo con los compañeros para poder valorar y debatir el camino recorrido. Después me di cuenta que era un material valioso para la gente de afuera, que no debía limitarme al subte, sino llevarlo a todas las fábricas que tuvieran las mismas inquietudes de organizarse y pelear contra los patrones y la burocracia. Por eso hice tanto hincapié en que hay que animarse, que se puede ganar un conflicto, que la bronca se puede canalizar en victorias.
¿Qué cambio en vos desde que fuiste elegida delegada?
La verdad es que no pensé ni en la edad que tenía ni en mi género, simplemente me tenía que poner las ropas de delegada y asumí ese compromiso sin preguntarme demasiado. Fueron sobre todo mis compañeros a quienes les llamaba la atención que una pendeja haga las cosas que yo hacía. Con el tiempo, encontré en el sindicalismo un ámbito de transformación, empecé a ver que podía aplicar todo lo que había leído en mi adolescencia.
¿Que leías en tu adolescencia?
Leía a Marx, Engels, mucha literatura marxista. Mi hermana me insistía para que leyera eso.
De modo que aquello de que “un fantasma recorre el subte” viene de “un fantasma recorre Europa…”
Lo sacamos del manifiesto, sí. Pero en realidad, no era mi título. Lo iba a llamar Crónicas del subte, pero un compañero me insistió con lo del fantasma…
Dentro del sindicato se expresan muchas tendencias políticas, algunos plantean ir con la CTA, otros con la izquierda Trotskysta. ¿Cuál es tu posición al respecto?
Ahora mismo estamos discutiendo si entramos o no a la CTA. Se va a definir en el próximo plenario, pero por lo que se comenta en los pasillos, está casi definido que sí. Tengo un compañero que dice que él es del PTS: Partido de los Trabajadores del Subte. Yo soy anarquista… no voto hace diez años.
¿Por qué crees que el gobierno no les da la personería jurídica?
Tiene que ver con el apoyo de Moyano a los Kirchner. La CGT es partidaria del unicato, y el gobierno prefiere violar la ley antes que quedar mal con sus socios.
Hace un año, Moyano dijo textualmente: “el afiliado es como la mujer: hay que darle carió y asistencia médica porque si no se va con otro”. ¿Lo escuchaste?
Sí, me causó mucha gracia. Fue un palazo para Fernández, representante de la UTA No me sorprende para nada el machismo de Moyano. Estoy acostumbrada a que los conflictos sindicales se decidan por el tamaño del pene de tal o cual sector.
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